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lunes, 16 de septiembre de 2013

Ana

Hola a todos, la entrada de hoy es una entrada difícil, una entrada dedicada a una persona que nos ha dejado... Ana.
Es una de esas entradas que nadie quiere publicar, que nadie quiere escribir, pero me ha tocado a mi ese mal trago.

Ya ha pasado más de un mes desde el desgraciado acontecimiento, muchos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia, el desgraciado accidente ferroviario ocurrido en Santiago. Yo antes  veía, leía, oía estas noticias como una persona cualquiera, desde la lejanía, veías la cantidad de fallecidos, el dolor de sus familiares, los políticos de turno buscando la foto. Pero no dejabas de pasar tu vista sobre las noticias desde la comodidad de saber que ningún familiar, ni amigo, ni conocido estaba entre las víctimas. A ti no te había tocado... esta vez.

Pero el destino es así de despiadado y por desgracia esta vez me tocó. Ese accidente me arrancó a una persona muy especial, muy querida, casi una hermana, mi amiga Ana.

Muchos de vosotros que os paráis a leer un rato mi blog, os tiene que sonar, os tiene que ser familiar las imágenes de Ana, la mujer de Carlos, la hermana de Pruden, la madre de Andrea y de Marta, la hija de Pruden y de Tina, y también mi amiga.




Son muchas experiencias en el mundo de la bici, Aznalcóllar, los 10.000 del Soplao, la 101 Peregrino, salidas por Ourense. El nexo en común de estas rutas aparte de la bici, era que en casi todas yo terminaba con ella al lado. Los demás iban delante o detrás, pero al final siempre íbamos juntos, y yo disfrutaba de su compañía, viendo como disfrutaba y sufría encima de la bici, todo un ejemplo. Pero también disfrutaba de su compañía fuera de la bici, era compañera de trabajo, era vecina mía en Ourense, hermana de un buen amigo y mujer de otro buen amigo. Los pocos días que podíamos coincidir a lo larga del año, eran intensos, como si necesitásemos recuperar el tiempo perdido. 


Ahora todos esos momentos, ya no volverán...


Ana, nunca te olvidaré, siempre te lloraré.

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